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Zapal 2019 estalla en una fiesta por la diversidad musical

Moderatto fue de los números más ovacionados por el público, pues los fuegos artificiales, el dominio del escenario y su destreza musical, conformaron un espectáculo de gran nivel

Zapal 2019 estalla en una fiesta por la diversidad musical | La Crónica de Hoy

Fotos: Saúl Castillo

Actualmente los festivales musicales se encuentran a la alza y cada estado hace su mejor esfuerzo por ofertar un espectáculo atractivo que no solo atraiga al público local, sino al que habita a la periferia o incluso, al proveniente del extranjero. A la luz de esa primicia se encuentra el festival Zapal, organizado con la finalidad de fomentar el turismo en Saltillo, Coahuila, a partir no solo de la música, sino de la cultura misma, para así provocar una derrocha económica que ayude a la localidad.

Sin embargo, con su cuarta edición realizada el pasado 6 de julio, este joven festival no solo superó las expectativas sino que dejó muy en alto a la escena local, un grato ejemplo que deberían considerar los grandes festivales con más de diez ediciones.

Y es que el término “malinchista”, popularmente conocido y difundido dentro de la cultura mexicana, desgraciadamente continúa en los postreros días; la evidente y mal acostumbrada tendencia a que los números principales de los festivales sean provenientes del extranjero, en algunas ocasiones provoca apatía en cierto sector del público mexicano que no está dispuesto a pagar boletos por arriba de los mil pesos por ver a una banda local bajo la popular idea: “puedo verla en otra ocasión y tal vez a un menor costo”.

Pero ese no fue el caso en Zapal, para fortunio de los coahuilenses, que durante años han vivido a la espera de un evento de esta magnitud, no solo decidieron disfrutar de bandas que hace años no tocaban en sus tierras, como el caso de Los Estrambóticos, quienes dijeron sumar más de una década de no presentarse en Saltillo; sino que también –de manera consciente o inconsciente– apoyaron a la escena vecina regiomontana.

"Estamos contentos de ser partícipes de una escena muy amplia y variada, creo que es importante que existan los pequeños toquines para que cuando lleguen a un lugar como éste puedan sonar bien", mencionó Queso de Los Estrambóticos, tras tocar arriba del escenario principal. Quiénes adelantaron que están próximos a lanzar un tema de ska jazz junto a una reconocida agrupación neoyorquina.

En ese sentido, el ejemplo más obvio podría ser la Avanzada Sinfónica –que desgraciadamente, los detalles en el sonido no hicieron justicia a los icónicos temas que interpretaron–, sin embargo, de principio a fin, el cartel del 2019 estuvo plagado de talento proveniente de Monterrey.

Desde el rock pop “erótico” del quinteto Stereo Mama, que fue el primer número que dio la bienvenida a los puntuales asistentes con el cover que realizaron del legendario tema de Consuelito Velázquez, “Bésame mucho” (1940), lanzado como sencillo hace algunos días; con el que ambientaron la calurosa apertura del escenario Desierto, dando paso a otros proyectos como el cuarteto saltillense de horror punk, Fiend Cats, quienes recientemente alternaron escenario con Michale Graves (ex vocalista de The Misfits).

A ese nivel estuvo el cartel del Zapal de este año. Por su parte, el regiomontano Campuzano hizo lo propio en el escenario principal, e Ibrah inauguró el stage La Aldea, este último escenario destinado a proyectos de electrónica, donde Rubén Albarrán ofreció una mezcla de cumbia con beats, e introducciones operísticas, que animaron al público mientras el calor descendía y la zona verde refrescaba un poco la tarde, en la que contrastaban las nubes blancas con las siluetas de las gimnastas que a un costado del mismo escenario, realizaban acrobacias en el aire, colgadas de largos listones que llegaban hasta el piso, desde donde algunos no podían quitarles los ojos de encima, y las animaban cada que hacían una figura diferente.

Pero a unos metros delante de La Aldea, se encontraba una carpa que figuraba una enorme flor rosada con el centro amarillo, que debajo de ella algunos transeúntes aprovecharon para cubrirse del sol. Una mujer al micrófono comenzó a moverse cadenciosamente al ritmo de tambores tribales, quien a la par parecía incitar a la gente que estaba a la periferia a ser parte de algo parecido a un ritual espiritual liberador.

No fue la única, los ya conocidos temazcales volvieron a llenar de energía y a desintoxicar los cuerpos de los asistentes este año. A donde se mirara se podía encontrar algún símbolo de la riqueza cultural e interracial que compone la cultura mexicana, una cultura que se ha nutrido de otras a lo largo del tiempo hasta la actualidad; desde los danzantes prehispánicos que recorrían los pasillos del festival, con penacho, incienso e instrumentos de viento y percusión, hasta los novedosos stands de videojuegos y realidad virtual.

Y bajo esa atmósfera estimulante, hubo quienes aprovecharon para difundir un mensaje que trascendiera al festival; en torno al Especismo, un concepto ético que busca preservar la vida de todas especies igualitariamente y de manera digna, haciendo específico énfasis en el trato discriminatorio que se le da a los animales de granja (cerdos, vacas, ovejas, pollos, etc), en comparación a los animales domésticos. Esto debido a la industria de la ganadería, que explota a dichos animales para consumo humano. Dos jóvenes de la organización vegana Outreach, extendieron folletos y colocaron lentes de realidad virtual sobre algunos curiosos asistentes, ofreciendo la experiencia desde la perspectiva del animal, con la finalidad de generar mayor empatía en el público, respecto a la problemática que plantean. Siendo la primera vez que participaban en un festival.

De este modo, Zapal, al igual que otros festivales como el Roxy (Guadalajara) o Vive Latino, se suman a la tarea de ofrecer un espacio a las organizaciones y asociaciones civiles, aprovechando el alcance que tienen, para acercar la información a la ciudadanía sobre aspectos que le competen. Para que el mensaje no se quede únicamente arriba del escenario, como durante la presentación de Café Tacvba, cuando Rubén Albarrán dedicó unas palabras a la madre tierra, hablando sobre la importancia de su cuidado y la responsabilidad que tanto el gobierno y como la sociedad, tienen con ella.

También algunos cambios en la distribución y logística fueron notables, como la implementación de alfombras frente y a un costado del escenario principal (Zapal), contrario a ediciones pasadas, cuando el territorio era completamente llano; y que siempre ayudan en caso de lluvia, para evitar encharcamientos y lodazal, que afortunadamente este año no fue el caso.

Algo que llamó la atención fueron las zonas VIP y VIP Platinum, que no obstante que ocupaban casi la mitad del espacio frente al escenario Zapal, a éstas solo se podía tener acceso de dos formas: la compra del pase previamente en línea ($1,200 sin cargos, primera fase) y en un punto de compra dentro del festival, a un costo de $1,000 por pulsera (independientemente al costo del boleto, de acuerdo a información proporcionada por personal del festival).

Además, la zona VIP también destacó por la implementación de mesas "reservadas", las cuales tenían marcado un consumo mínimo de $10,000, para poder hacer uso de ellas, sin embargo, al transcurrir del festival éstas fueron ocupadas por los cada vez más numerosos asistentes, quienes terminaron compartiéndolas y utilizándolas como plataformas para tener una mejor vista del escenario. Se desconoce si hubo presentes que gastaran dicha cantidad, pero a simple vista no parecieron funcionar conforme a lo establecido.

No obstante, presentaciones como las de Alemán y Moderatto, fueron las más destacables en cuanto a aglomeración de público. Mientras el primero animó a los presentes a levantar las manos al ritmo de su rap, Jay de la Cueva y compañía hicieron estallar literalmente fuegos artificiales sobre el escenario, siendo el número más ovacionado hasta ese momento, pero el vocalista no pareció muy conforme con la respuesta de los asistentes, aunque éstos reaccionaron positivamente –tal vez haya influido la acostumbrada euforia del público capitalino, que en palabras de artistas locales y extranjeros, es particularmente inigualable–.

Pese a ello, Moderatto no descartó la idea de realizar el gesto que se ha popularizando entre los músicos internacionales –como Foo Fighters, Metallica o Green Day–, de subir al escenario a gente del público para interpretar temas con ellos y obsequiarles el instrumento con el que tocaron. Y así fue, dos hombres y una mujer hicieron –o intentaron hacer– lo propio junto a la banda.

Aunque aquello parecía reventar de gente en comparación con la edición pasada, a las 19:00 horas los organizadores hicieron un corte de asistencia con el que dijeron llegar a los 15 mil asistentes, pero desconocemos si al término del evento haya aumentado la cifra.

Cierre que generó polémica previamente, cuando algunos usuarios externaron a través de redes sociales su inconformidad por la participación de una agrupación regional para concluir el festival.

Pero lo notable para quienes presenciaron esta cuarta edición, fue que pudieron disfrutar de un cartel rico de proyectos emergentes, variedad de ritmos, músicos icónicos y sorprendes espectáculos, que Zapal les entregó con la finalidad de quitar prejuicios dentro de la escena nacional, sobre todo para uno de los géneros que forma parte de los sonidos de México. Así que el cierre no pudo ser más coherente que con la presentación de una banda regia como La Leyenda.

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