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“Lo único imposible es aquello que no intentas”

Génesis y Sandra han aprendido a realizar actividades personales como lavar su ropa, plancharla, identificar colores, monedas, billetes y cocinar. “Estoy aprendiendo a cocinar, aunque me tardo un poco las maestras me dicen que poco a poco lo haré con más rapidez y mejor organizada, pero es cuestión de paciencia y dedicación”, dice Génesis, de 18 años.

“Lo único imposible es aquello que no intentas” | La Crónica de Hoy

Tras 7 meses de enseñanza, Sandra ha logrado no sólo desplazarse con facilidad por la cocina, sino que ya prepara varios platillos, aunque reconoce que le faltan muchas cosas por aprender. (Fotos: Saúl Castillo)

[Última Parte]

 

Lo único imposible es aquello que no intentas, frase que aplica para Sandra y Génesis, dos personas ciegas que no se dejaron vencer por esta discapacidad y que aseguran lograrán sus objetivos para ser autosuficientes.

Con el apoyo de sus familias y con las herramientas que les proporcionan las maestras del Departamento de Rehabilitación para Personas Invidentes, de la Escuela para Entrenamiento de Perros Guía para Ciegos IAP, han aprendido a realizar actividades personales como lavar su ropa, plancharla, identificar colores, cocinar, identificar monedas y billetes y su siguiente meta es poder desplazarse de manera independiente.

SANDRA. Vecina del pueblo de San Francisco Tlaltenco, en la alcaldía de Tláhuac, Sandra, profesora de física en la secundaria y odontóloga, cuenta a Crónica parte de su historia tras haber perdido la vista y los avances logrados con los cursos que imparte este centro.

Mientras tantea con su mano derecha un gabinete colocado a más de metro y medio de altura, casi a la par de su cabeza, inspecciona al tacto las agarraderas de las puertas de ese mueble, avanza sin detenerse como si contara los pasos y luego de tomar con sus manos un pocillo, regresa siguiendo el mismo camino hasta colocarse frente a la estufa, donde con mucha precaución coloca el traste en el cual pretende preparar arroz con leche.

Nerviosa al sentir nuestra presencia mientras alistaba su material para su clase del día, Sandra, sin ocultar su entusiasmo, comenta: “Estar aquí me ha ayudado mucho. Perdí la vista hace dos años y agradezco a Dios que me permitió ver muchas cosas que ahora me ayudan a realizar mis actividades, aquí en la escuela estoy aprendiendo a ser independiente para seguir adelante”.

Tras siete meses de enseñanza con el personal de rehabilitación, Sandra ha logrado no sólo desplazarse con facilidad por la cocina, sino que ya prepara varios platillos, aunque reconoce que le faltan muchas cosas por aprender.

“Vengo a actividades dos días a la semana (lunes y miércoles); en cada sesión de dos y tres horas he aprendido a coser botones, bolear zapatos, lavar la ropa, plancharla, así como manualidades. He aprendido a realizar las actividades de la cocina, identificar los materiales, acomodarlos, moverlos de un lado a otro, estar en la estufa que es lo que más me daba miedo, servir las comidas calientes y saber organizar las cosas para que yo las pueda tomar sin necesidad de estarlas buscando”.

Sandra, de apariencia frágil pero con carácter, entrega y dedicación, dice: “Cuando perdí la vista me deprimí y lloré, pero yo misma me dije que no quería estar nada más en mi casa sentada. Con mi familia investigamos y encontramos esta importante escuela. Yo desconocía que había lugares como este centro, donde proporcionan muchas herramientas para ser autosuficiente. Pensaba que la enseñanza sólo se limitaba al sistema Braille, pero me informaron que también daban estos cursos y me enfoqué primero en el taller de orientación y movilidad con el bastón blanco, que fue con el que empecé y después con el de actividades”.

Mientras comparte su experiencia, Sandra no deja de mover sus manos y explica que el apoyo de su familia ha sido fundamental para ir logrando sus objetivos en esta etapa de su vida.

“Mi familia me trae a la escuela y viene por mí, y con las prácticas acompañadas que he realizado ya comencé a irme en el Metro. Al principio se me hacía difícil, pero he ido perdiendo el miedo conforme avanzan las prácticas. No me he decidido aún a viajar sola en transporte público, pero ya estoy en eso”.

GÉNESIS. Es una adolescente de 18 años, viaja dos veces por semana desde Pantitlán con su familia para tomar las clases de orientación y movilidad y de actividades diarias, quiere ser autosuficiente, una experta cocinera y en computación.

Con ceguera de nacimiento, la joven toma actualmente el taller de identificación de prendas de vestir. “Ahorita estoy en mi curso para identificar mi ropa, con marcación de botones y para identificar los colores, además de que me están enseñando a manejar la computadora mediante la lectura de voz”.

Génesis dice que lleva un año en este centro, donde ha aprendido muchas cosas que le facilitan las cosas en su casa, entre ellas ayudar en la comida a su mamá.

“Estoy aprendiendo a cocinar, aunque me tardo un poco las maestras me dicen que poco a poco lo haré con más rapidez y mejor organizada, pero es cuestión de paciencia y dedicación. Me gusta preparar bistec a la mexicana, huevo a la mexicana, frijoles fritos, caldo de pollo, milanesas empanizadas, cremas de zanahoria, de brócoli, de calabaza, sopa fría, ensalada de manzana y muchas cosas más”.

La joven, quien asegura tener muchas metas en su agenda, mismas que logrará debido a su perseverancia, dice que quiere ser experta en el manejo de la computadora y una excelente cocinera, además de ser independiente en sus actividades diarias.

“Ya estoy por iniciar mi curso de orientación y movilidad (con bastón blanco), la maestra me dijo que empezaremos con algunas rutas que me ayuden a desplazarme sola. También ya realizo ejercicios para identificar billetes y monedas y en la organización de mi ropa y en zurcir botones, pero mi meta es ser autosuficiente y demostrarme que no hay imposibles si te lo propones”.

El Departamento de Rehabilitación para Personas con Discapacidad Visual que se ofrece en la Escuela para Entrenamiento de Perros para Ciegos IAP, a cargo de Ivonne Huerta, imparte terapias psicológicas, individuales y grupales, terapias de movilidad para que aprendan a desplazarse en la calle con su bastón, actividades de la vida diaria, donde aprenden arreglo personal, poner botones, hacer dobladillos, identificar monedas y billetes, arreglo del hogar, elaboración de alimentos, aprender el sistema de escritura braille, computación, uso del celular mediante identificación de voz, actividades recreativas y culturales (visitas a parques, museos y zoológicos, entre otros, y visitas domiciliarias).

 

 

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