Opinión


En la NFL les dicen Playmakers

En la NFL les dicen Playmakers | La Crónica de Hoy

Cuando arrancó la semana 10 de la NFL los reflectores estaban puestos en un solo juego, el del lunes por la noche entre San Francisco y Seattle. Es verdad que hubo algunos buenos encuentros que dieron su toque de dramatismo a la jornada como sucede cada semana, pero lo que vimos la noche del lunes dejó algo bien claro: cuando se enfrentan dos equipos bien entrenados, sea cual sea su posición siempre será un duelo cerrado.

Y a pesar de que ambos conjuntos tienen a más de un buen jugador en sus filas, la realidad es que uno de los conjuntos tenía a uno de esos que se da cada generación, uno de esos que por sus cualidades puede ganar un encuentro en el momento menos pensado.

Es verdad que existen estrategias y entrenadores que dirigen este juego como un tablero de ajedrez, tal es el caso de Kyle Shanahan por los 49ers y Pete Carroll por los Halcones Marinos, sin embargo llega un momento en que los planteamientos y las decisiones que se gestan desde la banca dejan de tener la efectividad deseada y es cuando sobresale ese jugador especial que puede hacer ganar con una chispa de genialidad, tal y como lo hizo Russell Wilson, el quarterback de Seattle, en la serie final del tiempo extra con su escapada por tierra.

Porque esas jugadas no son mandadas por nadie, esas jugadas surgen de la iniciativa y del talento de esos fenómenos que se cuentan con los dedos en esta Liga y vaya que es un cumplido, pues si hay una organización con talento deportivo en atletas excepcionales es la NFL.

Cuando Wilson se escapa y pone en bandeja de plata la posición para su equipo para que el pateador gane el juego con un gol de campo, uno no tiene más que reconocer que no hay antídoto contra esa clase de acciones.

Y jugadores como Wilson son los llamados playmakers porque de una u otra manera siempre habrá un momento en el juego en que su intuición, talento o genialidad atlética los llevará a hacer alguna jugada que cambiará el curso del partido.

Y casi por reflejo uno piensa ¿cuántos de esos hay en la Liga? La repuesta es corta: muy pocos y principalmente son mariscales de campo. Y entre esos destacan, obviamente los Patrick Mahomes (Kansas City), Aaron Rodgers (Green Bay), Tom Brady (Nueva Inglaterra), Deshaun Watson (Houston), Phillip Rivers (Los Angeles) o Drew Brees (Nueva Orleans). Si se trata de otra posición, ahí están los JJ Watt (Houston), Tyreek Hill (Kansas City), Ezekiel Elliott (Dallas), Khalil Mack (Chicago), por sólo nombrar algunos.

Es decir, son ese tipo de jugadores que crean afición tras haberlos visto, ¿por qué cuántos de nosotros nos hicimos fanáticos de este deporte por habernos topado con alguno así en la TV?

Ejemplos hay muchos: cuántos se hicieron seguidores de los Vaqueros por mirar a Roger Staubach, de los Osos por Walter Payton, de los 49ers gracias a Joe Montana y Jerry Rice, de los Empacadores por Bret Favre, de los Bills por Jim Kelly, de los Potros por Peyton Manning, de los Broncos por John Elway, de los Cargadores por Dan Fouts, de los Leones por Barry Sanders, de los Acereros por Terry Bradshaw y así podríamos enumerar muchos más de antaño hasta llegar a los Jets por Joe Namath o los Browns por Jim Brown.

Pues bien, Wilson es esa clase de jugadores que le vayas o no a su equipo, se disfruta ver jugar por el trabajo que ha hecho a lo largo de su carrera y como ha ido modificando su estilo para convertirse en un mejor pasador.

Wilson es el clásico mariscal de raza negra que llegó con la etiqueta de “mariscal corredor”, y lejos de estancarse en eso ha cambiado su estilo hasta hacerse un mariscal franquicia y no sólo un producto de moda como le sucede a muchos otros pasadores de color como Lamar Jackson, de quien hablamos la semana anterior.

Wilson lo ha probado de manera consistente, el equipo se apoya en él, y a pesar del juego que dio el lunes por la noche ante San Francisco, fue esa jugada (la escapada) en el tiempo extra lo que muestra su diferencia de entre los mariscales mejor pagados, lista donde algunos aún no demuestran que valen el jugoso contrato.

Matt Ryan de Atlanta posee el acuerdo más elevado de la Liga con 150 millones de dólares (mdd) y está muy lejos del nivel de hace un par de años que lo llevó a obtener ese convenio. Le sigue el propio Wilson con 140 mdd, Jimmy Garoppolo de San Francisco con 137 mdd y aún es un joven en desarrollo, Matthew Stafford de Detroit con 135 mdd y ya con varios años en donde no ha destacado como se esperaba, Aaron Rodgers de Green Bay con 134 mdd y quien si desquita cada dólar que cobra.

Hay otros con acuerdos por arriba de los 100 mdd que han quedado a deber como Jared Goff de Los Angeles, Carson Wentz de Filadelfia, Derek Carr de Oakland y Cam Newton de Carolina.

Pero lejos del dinero, una cosa es cierta, Wilson se está acercando cada vez más a esos jugadores que pueden cambiar el curso de un encuentro de manera continua y no sólo de vez en cuando.

Hay datos que se quedan grabados y que demuestran más que las palabras una verdad, y en el comparativo de mariscales con mejor marca de victorias en juegos estelares nocturnos, Wilson está en primera posición por encima de leyendas como Steve Young (49ers), Ken Stabler (Raiders) y Joe Montana (49ers). No cualquiera puede colocarse por encima de tipos así.

Los playmakers son los que le dan a la historia de la Liga ese toque de hazaña, de héroes contados con los dedos de una mano en cada generación, y Wilson está metiéndose en esa lista.

Roger Staubach tenía una frase que de hecho da título a su biografía: “Tiempo Suficiente para Ganar”, y muchos de sus compañeros en los Vaqueros de los 70 decían que mientras tuvieran a Roger había una posibilidad real de ganar por pequeña que esta fuera.

Seguramente eso mismo se dice en la banca de los Halcones Marinos, y no en pocas ocasiones Russell se los ha comprobado: que es un verdadero playmaker.

 

fernando.argueta1967@gmail.com

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