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Cómo combatir al coronavirus con agua y jabón

Este texto es una adaptación autorizada de la información compartida por el Dr. Palli Thordarson, experto en Nanotecnología de la Universidad de Nueva Gales del Sur de Australia, quien a través de su cuenta de Twitter (https://twitter.com/PalliThordarson) responde a la pregunta ¿por qué el jabón funciona para inactivar el coronavirus (COVID-19), y en general, a la mayoría de los virus?

Cómo combatir al coronavirus con agua y jabón | La Crónica de Hoy

Los virus son muy estables, pero pueden destruirse fácilmente con jabón.

Los virus pueden describirse como nanopartículas formadas principalmente por ácido ribonucleico (ARN), proteínas y lípidos (en algunos de ellos) y que miden entre 50 y 200 nanómetros. Mientras que el ARN es el material genético viral, similar al ADN, las proteínas protegen al material genético formando una cápside, además de ayudarle a reconocer a la célula que atacará. El componente más débil de un virus es su bicapa lipídica (grasa, para propósitos prácticos), misma que se ensambla a través de interacciones muy débiles. Estos lípidos forman un recubrimiento que protege a la mayoría de los virus, incluyendo el COVID-19. Cuando un virus ataca una célula, el ARN “secuestra” la maquinaria celular, forzando a la célula a hacer copias de su ARN y de sus proteínas estructurales. Estas nuevas moléculas se ensamblan con los lípidos de la célula a través de interacciones débiles para formar nuevas copias del virus.

Al toser o estornudar, se expulsan pequeñas gotas de saliva que vuelan entre 2 (las más grandes) y 10 metros, por ello es tan importante cubrirse apropiadamente la boca. Estas gotitas se depositan en las superficies y se secan rápidamente, pero los virus contenidos en ellas aún están activos por horas, incluso por días, antes de encontrar un organismo huésped. La humedad, la luz solar (luz UV) y el calor pueden desactivar al virus, pero su permanencia depende también de las interacciones con las superficies en las que se depositan. Los metales, cerámicos y algunos plásticos, como el teflón, no forman interacciones fuertes con el virus, pero pueden mantenerlo estable y activo. Las fibras de las telas (naturales o sintéticas) o la celulosa de la madera forman interacciones fuertes con los virus, pero la piel es la superficie de depósito ideal para un virus, ya que las proteínas y ácidos grasos de las células muertas los adhieren fuertemente a ésta. Por tanto, cuando tocas una superficie metálica contaminada con virus, éstos se pegan a tus manos porque la interacción con la piel es más fuerte. En ese momento aún no estás infectado. Sin embargo, ya que la mayoría nos tocamos la cara frecuentemente (una vez cada 2 a 5 minutos), es fácil que un virus llegue a las vías aéreas y nos infecte. Una vez en manos y rostro, el virus puede transmitirse al saludar de mano o con un beso a otra persona, sin necesidad de que le estornudes en la cara. 

Los virus son muy estables, pero pueden destruirse fácilmente con jabón. Cuando lavamos las manos con agua y jabón, los surfactantes del jabón disuelven las grasas de la membrana viral, desintegrando e inactivando al virus. Los surfactantes son moléculas que poseen un extremo con afinidad al agua (hidrofílico) y otro a las grasas (lipofílico), que son similares a los lípidos de los virus.

Si nos lavamos las manos sólo con agua, ésta no es capaz de romper las interacciones entre la piel y los virus. Lavar con agua no es suficiente, hay que añadir jabón. Además, como la piel es muy rugosa, se necesita tallar fuertemente para asegurar que el jabón alcance cada grieta y rincón de la superficie de la piel donde se esconden los virus activos. Los productos basados en alcohol contienen porcentajes entre 60-80% de etanol, algunas veces con un poco de isopropanol, así como agua y un poco de jabón. El etanol y otros alcoholes también forman interacciones favorables con los componentes del virus, pues son más lipofílicos que el agua. Por tanto, el alcohol puede disolver la membrana lipídica y romper las interacciones que forman la estructura del virus, aunque no es tan bueno como el jabón para esta tarea, pues requiere de mayores cantidades.

En general, los desinfectantes líquidos, toallas, geles y cremas que contengan alcohol (y jabón) tienen un efecto similar, pero no son tan efectivos como el jabón común. Además, los agentes antibacteriales contenidos en dichos productos no afectan la estructura del virus ni su actividad. El jabón es lo más recomendable (y más barato), aunque las toallitas o el gel pueden servir cuando el jabón no es práctico o no se tiene a mano (por ejemplo, en la oficina).

En resumen, los virus son partículas compuestas por material genético, una cubierta de proteínas —llamada cápside— y en algunos casos (como el coronavirus COVID-19) tiene una capa protectora de grasa. El jabón se forma de cadenas donde una parte es soluble al agua y otra a las grasas. Al entrar en contacto el jabón con el virus, la capa protectora de grasa del virus se disuelve y lo inactiva. Los productos basados en alcohol funcionan, pero nada como una solución de agua jabonosa para remover el virus de la piel y destruirlo. La Química Supramolecular y la Nanociencia nos dicen no sólo cómo los virus se autoensamblan, sino también nos enseñan cómo podemos vencerlos con algo tan simple como el jabón. 

(*) Texto: Jessica Flood-Garibay es estudiante del Doctorado en Biomedicina Molecular de la UDLAP; Miguel A. Méndez-Rojas es Profesor e Investigador del Departamento de Ciencias Químico-Biológicas de la UDLAP y miembro del Sistema Nacional de Investigadores Nivel II. Gabriel Merino es investigador del 
Cinvestav Mérida y miembro 
del Sistema Nacional de 
Investigadores Nivel III.
Ilustraciones: @joursdepapier

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