Opinión


¿Amerita encuesta una ya ineludible decisión ética y moral? (Primera parte)

¿Amerita encuesta una ya ineludible decisión ética y moral? (Primera parte) | La Crónica de Hoy

 

 

En lo personal estoy convencida de que cualquier derecho a la libertad de hacer o decidir no puede involucrar a un tercero que con su dolor y

 su vida deba pagar un capricho

 Siendo así...

 

Obvio es que me haya venido pronunciando históricamente contra la mal llamada “fiesta brava”, que ni es “fiesta” para los animales muertos previa tortura, ni mucho menos “brava” porque para peor, actualmente se torean animales con mansedumbre y muchas veces hasta sin la edad reglamentaria. Ello, además de lo vergonzoso que resulta que México sea parte todavía, de los únicos 8 países que sostienen tan primitivo “espectáculo”. Más si gustan, por mi radicalismo no se me crea sobre el sufrimiento y la falta de ética que baña al tema. Atiéndase mejor a Beatriz Vanda Cantón, Doctora en Bioética y miembro del Colegio de Bioética, A.C., quien partiendo de su primer grado académico como Médico Veterinario Zootecnista, y tras ello habiéndose dedicado al estudio científico del dolor y el sufrimiento de los animales en general, señaladamente el de los bovinos empleados al propósito, ha planteado diversas tesis éticas sobre las “corridas de toros”, algunas de las cuales le agradezco la autorización para transcribirlas en este espacio, cuya limitación me obliga a expresarlas en varias partes, a saber:

Respecto a que tal afición sea concebida como “tradición”, la experta cita que “Conforme avanza el conocimiento científico y las evidencias que aporta, se corrigen antiguos paradigmas, se derrumban creencias equivocadas y también suele evolucionar la actitud moral hacia nuestras prácticas y modos de vida. La filosofía y en particular la ética, no aceptan el falaz argumento ad antiquitatem, también llamado de apelación a la tradición, para sostener que causar dolor y lesiones deliberadamente a un ser sintiente pueda ser permisible, y menos considerado como una expresión culturalmente valiosa. Esta falacia consiste en afirmar que sólo porque algo se ha venido haciendo o creyendo desde hace mucho tiempo, entonces está bien o es verdadero aunque no lo sea. Cuando se defiende el toreo porque alguien reconocido o que tiene autoridad está a favor de dicha práctica (argumento ad verecundiam), también se incurre en una falacia”. Ahora bien…

Sobre el dolor físico y el padecimiento mental y emocional de estos bovinos, BV explica que “Existen suficientes evidencias científicas de que los toros, al igual que todos los mamíferos y demás vertebrados, tienen la capacidad de sentir estímulos dolorosos” Que al poseer un sistema límbico experimentan emociones tales como el miedo, la ansiedad y la frustración, y que pueden darse cuenta de lo que ocurre en su entorno y en su organismo, considerándose así, obligado tomar en cuenta los intereses de cualquier sujeto con un sistema nervioso que le permita sentir y realizar acciones para salvaguardar su vida como pueden ser huir o defenderse, prevaleciendo de esa forma el interés del toro por conservar la vida, frente a los intereses secundarios de los humanos y por lo tanto, cualquier espectáculo donde se dañe o provoque miedo a los animales con fines de diversión, esparcimiento, economía o tradición, lo considera éticamente inaceptable. Una postura ética, asegura, no solo consiste en no dañar a otros, sino en promover el bienestar de seres particularmente vulnerables. En este punto, la doctora hace precisa referencia al fenómeno conocido como “habituación o invisibilización del mal”, lo que se traduce como la incapacidad mental y/o emocional para que una persona entienda el daño que sus acciones provocan, restándoles importancia y hasta justificándolas desde la creencia de que primero está su satisfacción, lo que termina por normalizar esto de ver matar. ¡Gulp!

En otra parte de sus interesantes textos a los que DM daré continuación la semana entrante, Bety Vanda nos recuerda que en 1867 las “corridas de toros” estuvieron proscritas a criterio del Presidente Benito Juárez, vía el Decreto 6169. Me pregunto entonces a qué esperar al resultado de la encuesta propuesta por el Presidente AMLO, si de inicio en la capital mexicana deberían estar prohibidas al amparo de su flamante Constitución que reconoce la sintiencia de las criaturas; su estatura como sujetos de consideración moral; la obligación jurídica de darles trato digno y de respetar su vida e integridad, siendo además su tutela una responsabilidad común.

 

 

 

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